|
¿Eres un material o un organismo "vivo"?
Entonces pregúntate porque seguimos utilizando conceptos del estrés aplicados a los materiales, no hay duda de que somos organismos, vivos, con una capacidad absolutamente humana, la metacognición, la consciencia y la capacidad creadora de transformación. Podemos cambiar. Sin embargo, el estrés, concepto surgido de la ingeniería de los materiales, se utiliza prácticamente igual con los seres vivos, con los humanos. ¿Somos materiales? NO. Pero pensamos que quitando la presión, nos calmamos y se arregla. No se arregla, el estrés pide cambio. Pero no cambiar conceptos nos da seguridad ¿Nos da buenos resultados? NO. Pero nos da seguridad. El pensamiento crítico y la metacognición no nacen solos, requieren entrenamiento. Entre la seguridad y el cambio auto-conflictuamos. La ingeniería necesita saber a cuanta presión se rompen los materiales. ¿Necesitamos saber a qué presión se rompen los humanos? El estrés, al comienzo, es un informador de necesidad de cambio, reorganización, aprendizaje de capacidades, recursos... Nos dice que nos iría mejor con ciertos cambios. Nosotros, mantenemos el estrés y lo convertimos en un trastorno que deteriora personas. Todo por no cambiar patrones mentales ¿En tiempo de cambios? ¿Estamos aplicando, quizá, un concepto ingenieril del estrés de los materiales inertes a seres humanos vivos y cambiantes? Estamos haciéndolo. Como nos señalan Crum, Salovey y Achor (2013) necesitamos «Rethinking Stress: The Role of Mindsets in Determining the Stress Response». Dependiendo del concepto de estrés que tengamos, nuestro proceso de actuación será diferente. Reframing concepts. Lazarus (2000), el estrés se produce como resultado de una relación valorativa, de resultado negativo, entre las características percibidas de una situación y los recursos que consideramos tener para afrontarla con buenos resultados, es tal relación la que debe ser estudiada. Los materiales no hacen relación valorativa, se rompen, o no se rompen. Los humanos tenemos toda la información para el cambio, el aprendizaje, la transformación en esa relación valorativa y........preferimos mantener el estrés y quebrar personas, organizaciones, antes que ponernos a cambiar conceptos. Pero, es tiempo de poner los conceptos delante, y analizarlos.
0 Comentarios
Tu comentario se publicará después de su aprobación.
Deja una respuesta. |
Details
Ana VarelaPsicóloga. Especializada en la gestión activa del estrés. ¿Qué es el estrés? Un término que hoy se utiliza de forma generalizada pero que, muchas veces, no lo comprendemos o no sabemos cómo se inicia. Lo habitual es hablar de poco tiempo, muchas tareas, pero ¿Es eso el estrés? No. Hay quien con muchas tareas es tremendamente feliz. Las situaciones nos resultan estresantes cuando no conseguimos resolverlas, porque percibimos no contamos con recursos para ello. El tiempo es un recurso, planificarlo una capacidad aprendida. El dinero también lo es, y saber conseguirlo resulta fundamental. También el conocimiento, la información, la capacidad para calmarnos, saber analizar y "trocear" los problemas para no ahogarnos, generar opciones, saber comunicar adecuadamente, construir una red social de apoyo.... todo son recursos. Y los recursos tienen su historia de aprendizaje. Tenemos recursos y carencias. Aprendizaje a lo largo de toda la vida. Cada persona necesita trabajar aquellos que no ha podido aprender o entrenar. ¿Qué recurso necesitamos? ¿Qué debemos aprender para resolver? Las situaciones estresantes se caracterizan por resultar impredecibles, y fundamentalmente por hacernos sentir que no tenemos control, que perdemos la posibilidad de manejarlas. Nos percibimos incapaces. Pero no lo somos, simplemente nos faltan aprendizajes, de diferentes tipos. En una sociedad de cambios y continuas adaptaciones, el estrés se presenta como un proceso bastante "normalizado" El estrés, al comienzo, nos avisa de la necesidad de cambiar, aprender, para las nuevas situaciones que se nos presentan. Frenemos las inercias antes de que el estrés mantenido, durante tiempo, nos obligue a frenar. ¿Y si lo “utilizamos” inteligentemente para cambiar? |